El reto de detectar la soledad durante el envejecimiento

Una guía indica los aspectos más relevantes a tener en cuenta para identificar situaciones de riesgo

Cumplir años a partir de cierta edad aumenta las probabilidades de que el círculo de familia y amigos en el que la gran mayoría de las personas se sienten arropadas sea cada vez más pequeño. La tantas veces mencionada ley de vida, identificada con el paso del tiempo y sus consecuencias, tiende a mermar las interacciones e incrementa el riesgo de caer en una situación de soledad no deseada.

En el caso de las personas mayores, para los servicios sociales supone un desafío detectar quién está sola porque así lo desea y quién experimenta la falta de compañía como una pesadilla diaria. La vergüenza y el desconocimiento de los recursos que hay a su alcance son dos de los obstáculos que deben salvar esas personas para obtener una solución.

Este problema está detrás de la publicación de ‘Detectar la soledad durante el envejecimiento. Una guía’, trabajo realizado por la psicóloga y gerontóloga Regina Martínez para el Observatorio de la Soledad de Amigos de los Mayores. La guía, segundo volumen de la colección ‘La soledad como fenómeno complejo’, constituye “una herramienta orientadora para focalizar nuestra atención y acción hacia la detección”, se expone en la introducción. Un instrumento práctico, en definitiva, dirigido a profesionales de atención primaria (servicios sociales y salud) y otros agentes de proximidad.

La publicación recuerda que los agentes de primera línea que intervienen alrededor de la persona mayor son claves para identificar situaciones de riesgo de sufrir soledad no deseada. De hecho, la propia Amigos de los Mayores, entidad de voluntariado dedicada a luchar contra el aislamiento social, señala que el 60% de quienes pasan a formar parte de la entidad lo hace gracias al enlace facilitado por profesionales que trabajan en centros de servicios sociales, residencias, teleasistencia…

Cinco pasos

La guía se compone de cinco capítulos que se corresponden con cinco pasos que la autora considera fundamentales para detectar la soledad no deseada y que pretenden atender a la complejidad del fenómeno.

  • Reconocer: Se pone en valor la centralidad de la mirada de los profesionales para identificar situaciones de soledad y se aclara el papel de la detección en el circuito de la intervención.
  • Comprender: Se apuntan los principales conceptos relacionados con la soledad, se presenta un glosario para situar el fenómeno y tener puntos de partida comunes, así como un modelo sencillo de casuísticas en función de parámetros relacionales y psicológicos.
  • Considerar: Se reflexiona sobre la subjetividad, la diversidad y el estigma inherentes a la soledad en nuestro contexto sociocultural. Se exponen también los principales factores de riesgo de sufrir soledad no deseada y la relación con la evidencia científica.
  • Averiguar: Se abordan las expresiones reales y cotidianas de la soledad, así como se atiende a otros aspectos comunicacionales. Por otro lado, se ofrece una herramienta para guiar la conversación, un modelo para evaluar el resultado del ejercicio de detección.
  • Actuar: Se presenta una serie de principios a tener en cuenta a la hora de generar una respuesta, contemplando la atención centrada en la persona y el empoderamiento, para configurar una ruta de cambio personalizada.

El fenómeno es tan diverso que, como se recalca en la guía, “no existen fórmulas mágicas ni magistrales, hay que atender a la persona, ponerla en el centro, para configurar el itinerario más adecuado a sus preferencias, historia de vida, situación y proyecto vital”.